Es la composición de las cuatro vocales letras iniciales “I, E, U, E”, que se derivan de la revelación del Santo Nombre, que el Omnipotente le dio a saber a su siervo Moisés en el Monte Horeb, desde el zarzal que ardía en fuego y no se consumía, para que se lo anunciara a los hijos de Israel diciendo:
“Ío soy, El que a Ustedes me ha Enviado
(Éxodo 3:1-14, C.T.).”
Cuyas vocales en conjunto, forman la reveladora expresión o abreviatura de IEUÉ, hoy admitida por centenares de creyentes como la pronunciación original del Tetragrama o Tetragrámaton; y las que a diferencia de las cuatro consonantes YHVH, que algunos eruditos piensan ser la clave para pronunciar el Santo Nombre del Eterno, fueron anunciadas en el Siglo I d.C., por el Historiador Judío Flavio Josefo, cuando en el Capítulo VI de su editada obra “Guerra de los Judíos” se refirió al sumo sacerdote y al Sagrado Nombre, diciendo:
“Cubríale la cabeza una mitra o tiara con una corona hecha de Jacinto; y alrededor de ella había otra corona de oro, la cual traía las letras sagradas, que son las cuatro letras vocales.”
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